Cada 5 de noviembre, mientras la Iglesia Católica conmemora a San Zacarías y Santa Isabel, una antigua tradición recogida en textos apócrifos como el Protoevangelio de Santiago relata que el padre del profeta habría sellado su fidelidad con el martirio en el Templo de Jerusalén.
Según este relato histórico-tradicional, durante la persecución de Herodes y la orden de asesinar a los niños menores de dos años, Santa Isabel huyó con el pequeño Juan hacia una zona montañosa, donde la tradición señala que la protección divina los resguardó.
Los que servían a Herodes fueron donde Zacarías y le preguntaron por su bebé. Él les respondió que permanecía constantemente en el templo y que no sabía dónde estaba su pequeño.
Ellos fueron y le contaron todo a Herodes, quien se irritó más porque creía que el hijo de Zacarías un día iba a reinar a Israel. Entonces exigió que fueran nuevamente donde el gran sacerdote para que dijera el paradero de su bebé.
Al ser interrogado por los emisarios de Herodes sobre el paradero de su hijo, Zacarías respondió con valentía desde el templo: «Mártir seré de Dios, si viertes mi sangre. Y el Omnipotente recibirá mi espíritu, porque sangre inocente es la que quieres derramar en el vestíbulo del templo del Señor».
Al amanecer de aquel día, Zacarías fue asesinado, dejando su sangre cerca del altar como testimonio de su entrega por la defensa de los inocentes. Su cuerpo no fue encontrado.



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