El presidente de Paraguay, el derechista Santiago Peña, anunció formalmente este jueves su renuncia al cargo a través de un mensaje difundido en sus redes sociales. La dimisión se produce en el peor momento de su administración, desencadenada por una grave crisis financiera y el colapso de Ueno Bank, cuya intervención y cierre por insolvencia dejó congelados los ahorros de cerca de tres millones de clientes y fondos estatales estratégicos.
La presión política escaló de forma incontenible en el Congreso Nacional, donde bloques opositores y sectores disidentes avanzaban rápidamente en un juicio político en su contra tras cuestionamientos sobre la supervisión del sistema financiero y los presuntos conflictos de interés vinculados a la cúpula del Banco Central del Paraguay (BCP).
En su alocución oficial ante la ciudadanía, el mandatario reconoció la gravedad de los acontecimientos que golpearon al país sudamericano y justificó su salida institucionalizando un llamado a la cordura democrática.
«Lo que está en juego va mucho más allá que el futuro de un Gobierno, sino la credibilidad de nuestras instituciones, la estabilidad de nuestra economía y la confianza en el Paraguay.»
Asimismo, al referirse al impacto social y económico de la medida que afectó a miles de ahorristas y jubilados, Peña enfatizó la urgencia de encauzar soluciones institucionales:
«La prioridad del Gobierno del Paraguay es y será proteger con toda nuestra fuerza el fruto de ese esfuerzo y generar respuestas concretas, rápidas y responsables.»
Balance de gestión y línea ideológica
Santiago Peña, economista de profesión y exministro de Hacienda, asumió la presidencia respaldado por el histórico Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana – ANR).
Su perfil político e ideológico se enmarcó dentro de la derecha liberal y tecnocrática, apostando fuertemente por la disciplina fiscal, el crecimiento macroeconómico, la atracción de inversión extranjera directa y la consolidación de alianzas con los sectores empresariales tradicionales del país.
No obstante, su mandato estuvo marcado por el peso político de la estructura partidaria tradicional y la figura del líder del partido, Horacio Cartes. Pese a presumir de índices de estabilidad macroeconómica en los foros internacionales, su gestión naufragó ante la fragilidad de los mecanismos de control interno ante la crisis de Ueno Bank, un evento que evidenció fisuras severas en la supervisión del sistema bancario nacional y detonó el descontento popular masivo.
Tras la dimisión de Peña, el escenario institucional paraguayo entra en una fase de incertidumbre y reordenamiento político de emergencia:
- Sucesión presidencial: Se activan los mecanismos constitucionales de sucesión para definir quién asumirá las riendas del Ejecutivo y completará el periodo de mandato en curso.
- Respuesta legislativa al sistema financiero: El Congreso mantiene urgentes negociaciones para aprobar leyes de emergencia orientadas a utilizar los fondos de garantía y articular vías rápidas de devolución para los ahorristas afectados.
- Investigaciones judiciales: Se espera que la Justicia avance en las causas penales y administrativas para determinar responsabilidades individuales sobre el colapso financiero de la entidad bancaria, sin privilegios ni excepciones.



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