Mientras el jefe de la pandilla más temida de Haití enviaba una carta urgente al secretario general de la ONU pidiendo un proceso de diálogo por temor a una escalada militar, las fuerzas de El Salvador respondieron sobre el terreno con una contundente ofensiva terrestre en los sectores de Santo y Croix-des-Missions.
En los días previos al despliegue de los blindados salvadoreños, Wilson Joseph, alias Lanmò San Jou —cabecilla de 400 Mawozo y uno de los criminales más buscados por Estados Unidos— intentó frenar el avance del contingente centroamericano mediante una misiva dirigida a António Guterres.
En el documento, la estructura armada expresó su profundo temor ante posibles represalias masivas tras la orden de movilizar a más de 2.000 efectivos a Puerto Príncipe, solicitando formalmente la intervención de una delegación internacional para negociar una salida.
Cabe destacar que, si bien la ONU confirmó la recepción de este tipo de comunicaciones procedentes de agrupaciones como 400 Mawozo, los organismos internacionales han descartado que esto constituya un espacio de diálogo legítimo.
La respuesta estatal
La petición de tregua fue ignorada en la práctica por los acontecimientos sobre el terreno. La Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) y la policía local desestimaron cualquier apertura de espacios de diálogo y avanzaron con una operación de gran escala para neutralizar a los grupos señalados por la desaparición de cuatro técnicos de aviación salvadoreños a mediados de octubre.
El despliegue combinó una decena de vehículos blindados y militares con fusiles de asalto para golpear los bastiones de 400 Mawozo y Chen Mechan, dejando un saldo preliminar de al menos una decena de presuntos criminales muertos según reportes locales, mientras continúa la presión para esclarecer el paradero de los efectivos centroamericanos.
El giro en el conflicto
El contraste entre la súplica de los líderes criminales y la respuesta táctica del contingente internacional marca un cambio radical en la dinámica de seguridad de la capital haitiana. Las estructuras armadas, que durante años controlaron corredores viales estratégicos y perpetraron secuestros masivos con total impunidad, se encuentran ahora acorraladas frente a una intervención militar de línea dura que altera por completo el equilibrio de fuerzas en el país caribeño.



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