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P. Mauricio Merino comparte fragmentos de su diario personal recordando los inicios de su ministerio

A través de sus memorias, el Pbro. Mauricio Merino revive la jornada de 1990 cuando dio su primer paso hacia el sacerdocio. Un emotivo testimonio que relata la gracia, la fe y la entrega espiritual tras recibir los ministerios de acolitado y lectorado.

A través de fragmentos de su diario personal, el Pbro. Mauricio Merino, presidente de Fundafilia y de cnff.news, evoca la jornada de 1990 cuando dio su primer paso hacia el sacerdocio. Entre la calidez del recuerdo familiar, el discernimiento seminarista y una profunda devoción eclesial, este testimonio detalla el camino de fe y entrega que precedió a la recepción de sus ministerios de lectorado y acolitado. En sus propias palabras, el padre Mauricio nos comparte lo que significó el inicio de este gran recorrido:

El 10 de agosto, una fecha en la que suelo conmemorar con especial afecto el fallecimiento de mi abuelita paterna, Mamparito, recibí una profunda y dichosa noticia. Mons. José Oscar Barahona se comunicó conmigo para informarme que había decidido conferirme los ministerios de acolitado y lectorado. Durante nuestra conversación, me invitó a redactar la carta de solicitud formal para dichos ministerios y para el Orden del Diaconado, pidiéndome además que definiera las fechas y sugiriéndome que eligiera días significativos para mi vida personal.

Al evocar aquel día, encuentro grabado en mi diario personal este pasaje:

«Después del desayuno tuvimos las clases de Sagrada Escritura con Mons. José Oscar Barahona Castillo. Terminada la última clase, Mons. Oscar habló conmigo y me invitó a recibir los Ministerios de Acolitado y Lectorado. Me alegré tanto que no encontraba palabras para expresar mi agradecimiento; lo que me causó mayor alegría fue que me ofreciera el Orden del Diaconado. He llegado al final de este largo camino de formación y discernimiento vocacional; el Obispo me invita a dar mi respuesta definitiva al llamado de santidad que Dios me ha hecho. Estoy a las puertas de entrar e iniciar el camino que me conduce a lo alto de la montaña: la montaña de la perfection, la montaña de la santidad, la montaña de la perfección gloriosa de Dios. Decido responder con un sí definitivo al llamado divino y le manifiesto que escribiré la carta solicitando los ministerios de acolitado y lectorado, así como la solicitud para el orden del diaconado».

Tras concluir mi encuentro con Mons. Oscar, compartí de inmediato esta gran alegría con mis compañeros para definir la fecha. Resolví recibir los ministerios el jueves 27 de septiembre, festividad de San Vicente de Paúl, atendiendo a la recomendación del Obispo. San Vicente de Paúl ha sido uno de los santos modelos más entrañables a lo largo de todo mi proceso de formación; desde que lo descubrí, lo he considerado un verdadero amigo y un ejemplo viviente por su entrega profundamente evangélica, su opción por la pobreza, su celo en la evangelización de los más desposeídos y su compromiso con la formación del clero. Por la tarde de aquel mismo día, compartimos una prolongada y sincera conversación sobre el sacerdocio con Edgardo, Roberto, Constantino, Juan y Oscar, a quienes considero mis amigos más cercanos en el seminario.

Posteriormente, el 15 de agosto, enmarcado en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, entregué a Mons. Oscar Barahona la solicitud para recibir los ministerios el 27 de septiembre. De nuevo anoté en mi diario:

«Qué alegría: la Iglesia, por medio de mi Obispo, Mons. José Oscar Barahona, me ofrece coronar este largo camino de formación y discernimiento vocacional, confiriéndome los ministerios de acolitado y lectorado, primer peldaño para responder sacramental y sacerdotalmente al llamado de perfección que el Señor me ha hecho».

Llegado el jueves 27 de septiembre de 1990, a las 5:00 de la tarde, en la capilla del nuevo seminario diocesano, recibí los ministerios de acolitado y lectorado durante la Santa Misa presidida por Mons. José Oscar Barahona Castillo. Al concluir la jornada, transcribí en las páginas de mi diario lo siguiente:

«En este día jueves, día Eucarístico y de oración por los sacerdotes y las vocaciones a la vida consagrada —en nuestra práctica de piedad que coincide con la fiesta de San Vicente de Paúl, uno de mis más viejos amigos desde la infancia, presente en mi proceso de formación sacerdotal y por quien hice la opción preferencial por los pobres—, he recibido los ministerios de acolitado y lectorado.

Al recibirlos, he dado el primer paso hacia el sacerdocio ministerial. He comenzado a gatear, a caminar y a gustar las gracias de Dios en mi vida. Es un don, un regalo y un privilegio que me lleva a exclamar: “Vale la pena arriesgar la vida por Cristo”. Ya soy ministro de la Iglesia. ¡Felicidades, Mauricio!

Desde muy de mañana me levanté con el pensamiento puesto en este gran acontecimiento que marca mi vida. Al conferirme el acolitado y el lectorado, he subido el primer peldaño hacia el altar de Dios, donde seré consagrado como su sacerdote. Mi persona toda siente que vibra de alegría y regocijo. Hoy puedo exclamar con María y con la Iglesia: Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha hecho en mí grandes maravillas.

Al cerrar el día, me quedo meditando en la magnitud de esta jornada, que representa mi respuesta definitiva al llamado de santidad que Dios me ha confiado. Me comprometo ante el Señor a ser un sacerdote sabio, bueno y santo… a ser un buen pastor».

Acción de Gracias

Hoy, al cumplirse 36 años de aquella tarde bendita, elevo mi gratitud al Altísimo y guardo en el corazón la memoria de Mons. José Oscar Barahona, así como la compañía entrañable de mis padres, hermanos y amigos que me arroparon en el altar. Renuevo mi deseo de servir, amar la Eucaristía y proclamar la Palabra. Les pido que me acompañen con su oración para continuar siendo fiel al ministerio confiado.

Nota catequética: El sentido del Lectorado y el Acolitado

Los ministerios del acolitado y el lectorado constituyen la actualización de las antiguas «órdenes menores». A raíz del Concilio Vaticano II y mediante el motu proprio Ministeria quaedam del papa Pablo VI, estos servicios recuperaron su dimensión laical, pasando de ser una «ordenación» clerical a una «institución» para el servicio del pueblo de Dios. Aunque los candidatos al sacerdocio los reciben como etapa previa a la ordenación, son ministerios abiertos a toda la comunidad.

  • El Lector: Es instituido para proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica y colaborar en la instrucción de los fieles para los sacramentos.
  • El Acólito: Asiste al diácono y al presbítero en el altar. Como ministro extraordinario, distribuye la Santa Comunión, expone el Santísimo Sacramento para la adoración y promueve la devoción a la Eucaristía.

Pbro. Mauricio Merino


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