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Los anteojos y un lazo con sangre: las reliquias que recuerdan a fray Augusto Ramírez en Guatemala

La Comisión de Resguardo reconstruyó el recorrido de las pocas pertenencias de segundo grado que sobrevivieron al saqueo, la quema y el extravío de los bienes del franciscano Augusto Ramírez Monasterio tras su asesinato en 1983. La iglesia lo beatificó este sábado 7 de noviembre.

Tras la beatificación de fray Augusto Ramírez Monasterio, —el primer beato de Guatemala, cuya ceremonia se celebró este sábado 7 de noviembre en Santa Lucía Milpas Altas, al cumplirse 43 años de su martirio—, ha salido a la luz el desgarrador inventario de lo que quedó de su vida material. Entre el caos, el saqueo y la destrucción que siguieron a su homicidio el 7 de noviembre de 1983, solo un puñado de objetos personales y litúrgicos logró sobrevivir.

De acuerdo con el informe presentado por la Comisión de Resguardo de las Reliquias de Fray Augusto, entre las piezas de segundo grado más impactantes que lograron ser recuperadas se encuentran sus propios anteojos y un lazo con manchas de sangre, elementos hallados debajo del asiento de la camioneta en la que fue secuestrado durante el conflicto armado interno.

Este descubrimiento sugiere que el religioso pudo haber sido golpeado o bajado por la fuerza del vehículo, un testimonio mudo de los últimos momentos de su vida.

El caos posterior al crimen y las pérdidas en el convento

Las normativas eclesiales exigían que, tras la muerte de un superior o guardián en una casa religiosa, la habitación y la oficina debían ser selladas de inmediato para salvaguardar sus documentos y bienes. Sin embargo, en el convento de San Francisco —donde Ramírez Monasterio era guardián— este protocolo no se cumplió.

Según denunció fray Leonardo García, custodio de la orden en aquel entonces, integrantes de la fraternidad tomaron decisiones unilaterales.

Testigos y trabajadores del santuario confirmaron que, en los días posteriores al crimen, algunos frailes regalaron, destruyeron e incluso quemaron escritos, fotografías y materiales impresos del sacerdote, lo que obligó a emitir un decreto de «no escritos» dentro del proceso canónico ante la imposibilidad de recuperar su documentación original.

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Objetos resguardados por la familia y allegados

A pesar de la devastación documental, la fe y la memoria de familiares y allegados permitieron salvar fragmentos clave de la historia del franciscano:

  • El cáliz y ornamentos: Mantenidos durante años por la familia Sierra Ramírez en su capilla privada, donde el fraile oficiaba misas de Navidad.
  • Recuerdos de ordenación: Su hermana, Graciela Ramírez Monasterio de Morales, aportó los lazos de su ordenación sacerdotal, un hábito franciscano, fotografías y un manuscrito. Su madre, Trinidad Monasterio, preservó personalmente las cintas y el purificador de su ordenación.
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  • Prendas personales: El saco que utilizaba para dirigir una orquesta, una estola blanca bordada con los logos de su grupo musical y una medalla escapulario de oro que volvió a la caja fuerte del santuario a finales de 2024 tras un complejo periplo.

El inventario definitivo de estas reliquias, dado a conocer por la comisión integrada por Luis Alfonso Quino González, Astrid Lissette Mazariegos Terete, Julio Roberto Berdúo Samayoa, Blanca Lidia López y Ana Morales Ramírez, sirve hoy como puente entre la trágica pérdida histórica y el reconocimiento de su santidad en Guatemala.