La historia de la doctrina católica guarda entre sus capítulos más singulares la vida de Gilles Bouhours, un niño francés nacido en 1944 que desempeñó un papel clave en los acontecimientos previos a la definición dogmática de la Asunción de la Virgen María.
A la edad de tres años, tras sobrevivir a una grave meningitis, Gilles comenzó a manifestar experiencias místicas y visiones de la Virgen María. Tiempo después, el pequeño afirmó haber recibido un mensaje reservado únicamente para el Santo Padre. Tras insistir a su familia, viajó junto a su padre a Roma y logró ser recibido en audiencia privada por el Papa Pío XII el 1 de mayo de 1950.
Durante el encuentro, el niño confió al pontífice la frase que le habría sido revelada: «La Santísima Virgen no murió; subió al cielo en cuerpo y alma». La tradición recoge que Pío XII había solicitado previamente una señal divina para proceder con la definición de esta verdad de fe, considerando la revelación del pequeño como el signo esperado.
Meses después de aquel encuentro, el 1 de noviembre de 1950, Pío XII proclamó oficialmente el dogma mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus. Gilles falleció pocos años después, en 1960, dejando un legado recordado por la piedad popular como el testimonio infantil que precedió a una de las solemnidades más trascendentes de la Iglesia Católica.


