Cada inicio de octubre, las campanas de múltiples templos en El Salvador repican con un fervor particular. La devoción a San Francisco de Asís, el «Poverello», trasciende fronteras y encuentra en la fe cuscatleca un eco profundo marcando la espiritualidad de comunidades enteras, desde pequeños cantones rurales hasta agitados centros urbanos.
En municipios como Gotera (Morazán), Meanguera del Golfo (La Unión) o San Francisco Javier (Usulután), la celebración cobra vida entre procesiones, bendiciones de animales, danzas folclóricas y coloridas alfombras de aserrín. La feligresía acude para encomendar la protección de las cosechas y renovar el compromiso con la sencillez evangélica y la paz, pilares del carisma franciscano.
La Parroquia San Francisco de San Salvador: Refugio de fe y dignidad
En la capital, el epicentro litúrgico de esta festividad se sitúa en la histórica Parroquia San Francisco de Asís. Ubicada sobre la alameda Juan Pablo II, esta iglesia representa un faro espiritual en medio del ajetreo urbano.
Un elemento singular distingue a este templo capitalino: allí ejerce su ministerio pastoral como párroco el cardenal Gregorio Rosa Chávez, el primer purpurado de la Iglesia Católica salvadoreña. Tras su renuncia como obispo auxiliar de San Salvador, el cardenal decidió volcar su servicio pastoral al trabajo parroquial directo, haciendo de la parroquia San Francisco un espacio de cercanía comunitaria, diálogo y solidaridad.
Bajo la guía de Rosa Chávez, la festividad del 4 de octubre adquiere un matiz fuertemente profético y franciscano. Durante las novenas y la misa patronal, el cardenal insiste en la necesidad de encarnar la paz y el cuidado de los más desfavorecidos, conectando el mensaje de pobreza y fraternidad del santo de Asís con la realidad social y las aspiraciones de justicia del pueblo salvadoreño.
Una devoción viva
La festividad franciscana en El Salvador no se limita al culto dentro del templo; se traduce en acción pastoral, proyectos de ayuda mutua e iniciativas ecologistas inspiradas en el Cántico de las Criaturas. Así, entre la devoción popular de los pueblos de interior y la fe de la parroquia capitalina, la figura de San Francisco de Asís continúa resonando como una invitación permanente a la fraternidad universal.



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