La Parroquia Santo Tomás Apóstol El Salvador se vistió de júbilo para conmemorar el 67 aniversario de ordenación sacerdotal del querido presbítero Raymundo Brizuela, cariñosamente conocido como el «Padre Mundo».
A lo largo de casi siete décadas de vocación, el también destacado exorcista de la arquidiócesis ha dejado una huella imborrable en el corazón de los fieles, quienes no dudaron en volcarse a las redes sociales para expresarle su profundo agradecimiento y admiración por su incansable labor pastoral.
Un pastor entrañable y pilar de la fe
Las muestras de afecto y reconocimiento hacia el «Padre Mundo» reflejan el impacto espiritual que ha tenido de generación en generación en la localidad. Comentarios llenos de gratitud inundaron las plataformas digitales de la parroquia, recordando momentos memorables como bautizos familiares, celebraciones de bodas de oro y años de guía espiritual.
«Feliz aniversario, padre Mundo; tuvimos la dicha de que nos bautizara a nuestra séptima hija y nos celebró nuestra boda de oro», compartió emocionada una feligresa, sintetizando el sentir de una comunidad que lo considera un pilar fundamental en su caminar cristiano.
Los mensajes destacaron su entrega incondicional, su sabiduría y la constancia de un «sí» que ha mantenido con fervor a lo largo de su dilatada trayectoria eclesiástica, consolidándolo como un referente de servicio y cercanía con los más necesitados.
Vocación y servicio a perpetuidad
Bajo el lema «El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» —frases célebres de San Juan Pablo II que acompañan su legado y que quedaron plasmadas en el homenaje de su comunidad—, el padre Raymundo continúa siendo símbolo de fortaleza y fidelidad a su ministerio.
La comunidad parroquial elevó oraciones pidiendo la intercesión de Nuestra Madre Santísima para que continúe guiando con salud y sabiduría los pasos del querido sacerdote, reafirmando que su labor en la arquidiócesis permanece viva y profundamente arraigada en el afecto de su pueblo.
Además de su dilatada trayectoria pastoral en las comunidades, el padre Mundo es ampliamente reconocido y respetado en la región por su delicado y constante ministerio como exorcista de la arquidiócesis.
Esta labor de confrontación espiritual frente al mal ha consolidado su figura no solo como un pastor cercano y entrañable, sino también como un baluarte de fortaleza y protección para los fieles que acuden a él en busca de liberación y guía en momentos de profunda prueba.



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