FÁTIMA — Hoy se conmemora uno de los episodios más extraordinarios y debatidos de la historia contemporánea del siglo XX: el célebre Milagro del Sol, acontecido el 13 de octubre de 1917 en la Cova da Cria, en Fátima, Portugal.
Aquel día, la región lusa albergaba a una multitud estimada entre 50,000 y 70,000 personas integrada no solo por fieles devotos, sino también por escépticos, curiosos y periodistas que habían acudido atraídos por las profecías de los tres pastorcitos locales: Lucía dos Santos, Francisco Marto y Jacinta Marto.
Las circunstancias previas presagiaban una jornada desoladora. Desde la noche anterior, una intensa y persistente lluvia había azotado la zona, empapando por completo el suelo, los campos y las ropas de los asistentes, quienes aguardaban bajo un cielo densamente nublado. Sin embargo, al mediodía, tras una señal de Lucía, las nubes se abrieron de manera repentina y dejaron paso al sol.
Lo que sobrevino a continuación quedó grabado en la memoria colectiva. El astro rey no brilló con su intensidad habitual, sino que se transformó en un disco de plata mate que podía mirarse directamente sin lastimar la vista. Testigos presenciales relataron con asombro cómo el sol comenzó a girar sobre sí mismo como una gigantesca rueda de fuego, proyectando haces de luz multicolor sobre el paisaje y la multitud atónita.
El clímax del fenómeno ocurrió cuando el astro pareció desprenderse del firmamento y precipitarse en zigzag hacia la Tierra, generando momentos de profundo pánico entre los presentes, quienes cayeron de rodillas creyendo que presenciaban el fin del mundo. El evento insólito se prolongó por espacio de unos tres minutos.
Cuando el sol retornó a su posición normal, la muchedumbre experimentó otro hecho desconcertante: tanto sus vestimentas, que chorreaban agua minutos antes, como el lodo del terreno circundante, aparecieron completamente secos de forma instantánea.
Este suceso coincidió con la sexta y última aparición de la Virgen María a los pastorcitos. Según los testimonios de los niños, la advocación se presentó como Nuestra Señora del Rosario, insistiendo en un llamado a la conversión, la oración constante y la penitencia para la humanidad.
A más de un siglo de distancia, el Milagro del Sol sigue desafiando las explicaciones científicas tradicionales y continúa siendo un pilar fundamental de la fe católica y un acontecimiento histórico imborrable.



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