SÃO PAULO — Casi 159 millones de ciudadanos brasileños están convocados a votar este domingo en una de las elecciones generales más trascendentales y polarizadas de la historia reciente del país.
La contienda enfrenta dos modelos opuestos para la mayor potencia económica de América Latina: la búsqueda de reelección del actual presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el proyecto conservador liderado por el senador Flávio Bolsonaro, hijo y heredero político del expresidente Jair Bolsonaro.
Lula, de 80 años y representante del Partido de los Trabajadores (PT), busca consolidar un cuarto mandato presidencial enfocando su mensaje en la defensa de la soberanía nacional, los avances de su gestión económica y el control del impacto social. En la recta final de la campaña, el mandatario encabezó concurridas marchas en São Paulo instando al «voto útil» para intentar resolver la elección en primera vuelta y evitar el desgaste de un balotaje.
Por su parte, Flávio Bolsonaro, abanderado del Partido Liberal (PL), ha movilizado a las fuerzas de la derecha tradicional y del movimiento bolsonarista mediante masivas caravanas en ciudades clave como Río de Janeiro.
Su plataforma electoral ha colocado como eje prioritario la seguridad pública y el combate a la criminalidad mediante políticas de mano dura, además de defender una postura de alineación estrecha con bloques conservadores internacionales.
Los últimos sondeos de opinión previos a la jornada electoral posicionan al presidente Lula con una leve ventaja en la intención de voto directo para esta primera ronda, rondando entre el 39 % y el 43 %, mientras que Flávio Bolsonaro registra entre un 34 % y un 38 %. Sin embargo, la brecha resulta insuficiente para que alguno de los aspirantes alcance el umbral superior al 50 % de los votos válidos necesario para ser proclamado vencedor este mismo domingo.
Con un margen de indecisos que ronda el 3 % y un 17 % de votantes que aún admitían poder cambiar su opción a última hora, la posibilidad de una segunda vuelta parece casi inevitable. De confirmarse las estimaciones, ambos líderes volverían a medirse en las urnas el próximo 25 de octubre en una votación definitiva donde las encuestas proyectan un escenario de empate técnico.
Además del cargo de jefe de Estado, la jornada electoral renovará la totalidad de los escaños de la Cámara de Diputados, un tercio del Senado Federal y las gobernaciones de los 26 estados del país junto al Distrito Federal.
Las autoridades del Tribunal Superior Electoral desplegaron un robusto operativo de seguridad para garantizar la normalidad en el centro de votación y el conteo electrónico en todo el territorio nacional.



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